1925-2007

Domingo Onofrio pintor

Prestigiosos escritores y críticos
de arte comentaron su obra en artículos periodísticos, libros y catálogos de exposiciones.

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Revelación

Ante una exposición retrospectiva, como la que ahora se presenta con las pinturas de Domingo Onofrio, el crítico suele verse atraído por dos tentaciones simplistas. Una, querer establecer un recorrido cronológico que permita visualizar con exactitud las etapas de la obra del artista, diferenciándolas con precisión. Otra, tratar de hallar temas o tratamientos pictóricos predominantes, que al imponerse sobre otros sean algo así como la quintaesencia expresiva del artista.
Ambas tentaciones son válidas, pero insuficientes, ya que habría que empezar por reconocer que una retrospectiva es, en sí misma, una obra en la que se exhibe al artista en su plenitud expresiva. Hay que apreciarla en su integridad y como una unidad. Es su obra máxima. Constituye el equivalente para el escritor de sus "obras completas" y en algunos casos, puede llegar a ser una verdadera revelación.
Frente a esta retrospectiva de la pintura de Domingo Onofrio podemos decir esto último. Cincuenta años de trabajo creativo se suman aquí con la lozanía de lo nuevo ya que manifiestan una obra que tiene vigencia del comienzo al fin. Este artista ha cimentado su obra sin dejar a un lado nada de lo realizado a lo largo de ella, aquilatando momentos y recursos en su expresión plástica.
Desde marcadas influencias de Emilio Pettoruti, su principal maestro, hasta una última etapa de creciente libertad y acentuada originalidad que nos muestra que Onofrio ha buscado con ahínco la expresión propia como una necesidad espiritual que ha respondido a una percepción del mundo en su espacio y su tiempo.
En este artista, la gran lección plástica de Paul Cézanne quedó grabada a fuego, orientando como una luz sus búsquedas. La estructura de la naturaleza y del mundo orgánico, la arquitectura de las formas desde una visión conceptual y sensible a la vez, han constituido los ejes de su creación. Onofrio ha logrado amalgamar el rigor mental con un refinamiento expresivo lleno de matices.
En sus pinturas hay una constante búsqueda de nuevos ángulos de visión. Por eso recurre muchas veces al fragmentarismo y la facetación de las imágenes, logrando equilibrios, siempre inquietantes y sugerentes tanto en la combinación de medios expresivos como en las temáticas abordadas.
Un realismo decantado, capaz de convertirlo todo en términos pictóricos le ha llevado a transformar el caos y los sentimientos atormentados en estructuras visuales que se convierten, a su vez, en nuevas fuentes perceptivas que se multiplican. Logra así una armonía entre elementos realistas y abstractos, en contrapuntos que integran oposiciones.
Algo semejante ocurre, también, entre una visión onírica y las reducciones geométricas, creando un mundo de climas enrarecidos dominados por una suerte de metafísica incorpórea. Como quería Cézanne, este artista, en todos sus momentos manifiesta que es posible "dibujar pintando", valiéndose de contrastes cromáticos y desarrollos rítmicos. Onofrio se muestra audaz en el color, con diversos grados de intensidad que le dan un sentido expresivo. Sutiles texturas iluminadas e irradiantes lo prueban.
Una elaboración muy cuidada, morosa y sensual, con un evidente deleite creativo muestra que el arte de pintar es una acción vital y reflexiva a la vez, a partir de una perspectiva sensible.
Sus etapas lo muestran en expresiones disímiles que comparten un mismo momento. Por eso, el afán clasificatorio, intentando encasillarlo en alguna tendencia en particular, ha mostrado su desconcierto. Sin abandonar casi nunca sus orígenes postcubistas, con una fuerte presencia surrealista, una cierta abstracción biomórfica y geométrica y una forma de figuración de índole metafísica, se han conjugado contemporáneamente en su obra.
En su largo recorrido de fábricas abandonadas, paisajes urbanos del Parque Avellaneda o Villa Lugano, figuras espectrales, lunas y ciclistas, objetos varios instalados en la naturaleza, lunas y soles que forman parte del barrio, Domingo Onofrio ha puesto como tema recurrente la soledad y el silencio.
Sin dramatismo, sin desbordes expresionistas, expresa en su obra una configuración apolínea de la realidad; una voluntad de orden y de racionalidad, de contención formal, que puede expresarse en lo que Héctor Dasso designó con acierto como "ensueño geometrizado".
De tal modo este artista nos pone de manifiesto, sin estridencias, que en una época como la actual, dominada por el desborde, la contradicción y el caos, es posible, y hasta deseable, hallar, tanto en el arte, como en la vida, un equilibrio apolíneo que dé cauce a tanta potencia dionisíaca. Domingo Onofrio lo ha logrado.


Fermín Fèvre; prólogo al catálogo de la muestra homenaje en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori,

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